Operación militar prevista por el Estado y la fuga del Jefe del Cartel de la catedral

Por: EDGAR TORRES 19 de julio 1993 , 12:00 a.m.  ElTiempo.com

Ante las revelaciones, el presidente Gaviria convocó un Consejo extraordinario de Ministros y ordenó el traslado de los quince convictos de La Catedral.El fracaso de la vasta operación militar prevista por el Estado y la fuga del Jefe del Cartel, en la madrugada del 21 de julio de 1993, ocuparon desde entonces la atención de la opinión pública, y virtualmente cubrieron con un velo la última razón de ser de la desesperada solicitud de De Greiff al Presidente: la pavorosa vendeta en las entrañas del cartel.

Y ahí está el crudo parte de victoria de El Chopo : Acabamos de matar a Kiko (Gerardo Moncada) y a los Galeano (Fernando y Mario Galeano)…  y ya estamos buscando a Rafa.

Esto es un Fujimorazo, un golpe de estado. Todos ellos no hacen sino ganar plata, encaletarla y dejarla podrir y nosotros pelados… y poniéndo el pecho .

Esto es un golpe de Estado La de este día, sábado 4 de julio, iba a ser una jornada intensa, febril y sangrienta.

Los hombres del Cartel habían sido contactados desde primeras horas la madrugada a través de telegráficos mensajes de beeper y, a esa altura 9 de la mañana, se desplazaban raudos por calles de Medellín, Itagí y La Estrella, a la caza de sus blancos. Eran una especie de comandos élite del crimen y, actuando en conjunto, constituían un impresionante y devastador aparato terrorista.

Mario Castaño Molina, El Chopo , y Guillermo Zuluaga, Cuchilla o Pasarela , se habían erigido, desde la noche anterior, por orden de Pablo Escobar, en los comandantes de esta operación criminal.

Viajaban ahora a bordo de un Trooper color champaña que El Chopo habría de desaparecer, en el curso de la semana siguiente, en un laberinto de transacciones comerciales, con el único fin de no dejar huellas tras de sí.

Dos automóviles, con cuatro hombres del Cartel cada uno, seguían el jeep que finalmente se detuvo frente a un lujoso edificio de habitación.

Juan Carlos, Pomas , Edwin y un hombre de apellido Arroyave (ver recuadro) descendieron de un Mazda cobrizo e irrumpieron en la edificación.

Otros cuatro hombres se apostaron a prudente distancia sobre la acera y la puerta de acceso principal al edificio y Mario Castaño, El Chopo , y Guillermo Zuluaga, Cuchilla o Pasarela , aguardaron a bordo del Trooper.

Mario Castaño, El Chopo , portaba su Smith & Wesson plateado y una pistola 25 milímetros. Acariciaba impaciente el silenciador del arma que habría de segar, seis días más tarde, el viernes 10 de julio, con un disparo certero en el rostro, la vida de William Moncada.

Desde esa tarde de junio de 1992 en que había confirmado el rumor y había ascendido de inmediato a La Catedral para notificar de ello a Pablo Escobar, odiaba visceralmente a los Galeano y a los Moncada, pero sobre todo a William Moncada.

Le habían dicho que ese perro h.p. solo deseaba matarlos de hambre a él, a los trabajadores y a El Patrón y a todos los que hacían la guerra . Y él mismo, El Chopo , se había dado a la tarea de inquirir por el asunto hasta verificarlo todo.

Efectivamente, el mensaje de William Moncada a su hermano Gerardo, Kiko , y a Mario y Fernando Galeano había sido nítido y tajante: A Pablo Escobar hay que mantenerlo pobre, para que no joda .

Los informantes de El Chopo habían hecho énfasis en un detalle adicional: el asunto había sido objeto de discusión en una reunión en que William Moncada llevaba unos tragos de más en la cabeza, pero en la que muchos habían coincidido en que a más dinero a Escobar, más grave sería la amenaza de nuevos atentados dinamiteros y asesinatos.

Por eso, enterado de cuanto ocurría, El Patrón le había permitido hurtar la caleta de San Pío y, finalmente, le había autorizado secuestrar o levantar a quienes estuviesen del lado Moncada y Galeano, incluyendo obviamente a los barones de cada dinastía.

El Chopo había acariciado la idea de esa operación masiva muchos días antes, pero solo la enorme suma oculta en la caleta de San Pío: veinte millones de dólares, había persuadido a Pablo Escobar de que los Moncada y los Galeano aportaban una miseria entre 150 y 200 mil dólares al mes, mientras se guardaban para sí una fortuna.

Ahora, finalmente, Mario Castaño, El Chopo , estaba al frente de la siniestra operación y solo era cuestión de esperar que sus hombres ubicasen a William Moncada e ir por él.

Juan Carlos, uno de aquellos sicarios que El Chopo se preciaba de conseguir a borbotones, apareció finalmente en la puerta del edificio y salió. Mario Galeano, segundo en el clan de los Galeano, marchaba con visible ira tras él, escoltado por Pomas y Arroyave.

Coronamos , murmuró El Chopo . Luego, guardó el arma y puso en marcha el motor del Trooper. Los tres automóviles partieron veloces hacia su próximo destino, una residencia en un barrio de clase media de Medellín, que durante los seis días siguientes y hasta el día de la ejecución, el viernes 10 de julio, habría de servir de presidio a Mario Galeano.

En otros sectores de la ciudad, Leonardo Rivera, Leo ; Francisco Javier, Conavi , y otros hombres cazaban a los contadores y escoltas más próximos a los Galeano, según les había indicado El Muelón , que a la sazón, con otro grupo de hombres, terminaba a esa hora su propia y despiadada misión.

Pablo Escobar le había asignado el exterminio de Gerardo Kiko Moncada y la desaparición, sin que quedase rastro de ello, del cadáver de Fernando Galeano. El Muelón había elegido un despoblado en el municipio antioqueño de La Ceja.

Estoy bien, amor Eran ya las 3 de la tarde del sábado 4 de julio y la bodega hervía como un verdadero cuartel militar de aquel ejército clandestino de sicarios y jefes terroristas del Cartel.

Soy yo, amor. Estoy bien , fingió telefónicamente Walter Estrada ante su esposa. Ando en una vuelta con Bocadillo y no sé si tardaré… .

El principal hombre de confianza en la red de guardaespaldas de Fernando Galeano, Walter Estrada, El Capi , era el primero de un grueso número de hombres de los Galeano que esa tarde del sábado 4 de julio caería en manos de los hombres de Pablo Escobar.

Ahora, atado de pies y manos y reducido a un insoportable estado de indefensión, El Capi no había tenido alternativa distinta que asentir ante las siniestras instrucciones de Mario Castaño, El Chopo , y de Guillermo Zuluaga, Cuchilla o Pasarela .

Había acudido a La Bodega , atendiendo la citación de El Chopo : Venga porque Fernando Galeano va a bajar a las 3 de La Catedral (…) Lo de la plata está solucionado .

Nada era cierto, pero Walter Estrada, El Capi , solo pudo percatarse de ello en el instante mismo de ingresar a la bodega y ver sobre la mesa el celular.

Era el teléfono de su patrón, Fernando Galeano. Un aparato que él no abandonaba jamás y que, con el tiempo, había transformado en inconfundible por el notorio desgaste en el impreso de los primeros números.

Después, con resignación, El Capi se había despojado de su arma y de su buscapersonas y ahora estaba atado de pies y manos.

Los telegráficos mensajes de su beeper personal habían quedado inexorablemente expuestos a sus captores, y también la determinación y las instrucciones sobre las llamadas que debía responder.

La última había sido la de su propia esposa, pero las primeras habían tenido por blanco a sus hombres incluido su propio hermano, citados a lugares diversos y conducidos por él a una trampa mortal.

Sólo Bocadillo había sido citado junto con él a La Bodega y, para entonces, media tarde ya, estaba tan postrado e indefenso como él.

La Bodega Aquel era un sitio casi miserable, pero El Chopo operaba en él como si se tratase de la oficina de un próspero ejecutivo.

Era una casa-bodega de portón rojo y blanco ubicada en la vía hacia La Catedral, en la cola de un pequeño descenso, unos kilómetros antes del sitio donde la vía a La Catedral empezaba a bifurcarse en una Y .

Era la última construcción en una cuadra con características de calle fantasma, circundada apenas por lotes agrestes.

El propietario del lugar, un viejo de apellido Martínez, había construido la bodega e instalado allí sus escasos equipos para la construcción de partes eléctricas, testimonio del que hasta hacía un año había sido su único oficio y su única fuente de vida.

A su vez, César, su hijo, había adquirido el predio siguiente e improvisado una carpintería.

Sin embargo, esa rutina se había transformado para ambos después de que Pablo Escobar había decidido recluirse en La Catedral y tras la aparición de El Chopo en la vida de César.

Desde entonces, imponiéndose al temor del viejo y obsequiándoles eventualmente algunas sumas de dinero, El Chopo había convertido la pequeña bodega en su oficina personal y sostenido allí prolongadas reuniones con Guillermo Zuluaga, Pasarela , y Jaime Posada, El Tití , y otros varios enlaces y jefes terroristas del Cartel.

A la vez, El Chopo había persuadido a César, el carpintero, de diseñar las caletas que el Cartel requería en chifoniers, camascuna y en toda suerte de muebles: estantes, licoreras. Así, finalmente, se había incrementado la confianza mutua.

Por eso, sin dudar un instante, esa tarde del sábado 4 de julio, El Chopo había decidido operar con absoluta tranquilidad desde la bodega, próxima a La Catedral.

Quema sus cédulas… Repentinamente, el celular volvió a timbrar. El Chopo tomó de inmediato el aparato y luego, sin inmutarse, se dirigió a Guillermo Zuluaga, Cuchilla o Pasarela : Está bien, coronamos a los otros .

El grupo de Juan Carlos acababa de hacer contacto con Elkin Estrada, Fernando Garay y Jhon Henry Vargas, a quienes Walter Estrada, El Capi , había telefoneado por orden de Mario Castaño, El Chopo .

Los tres hombres habían sido citados a una estación de Mobil, situada frente al Club Campestre de Medellín.

Ahí les habían aprehendido y ahora empezaba su traslado a una residencia previamente seleccionada por Juan Carlos y situada en un sitio conocido como El Esmeraldal .

El celular volvió a sonar. Era Memo . Su grupo tenía a los hermanos Atila .

Guillermo Zuluaga, Pasarela , entendió el mensaje y, sin titubear, partió: Voy por ellos, creo que cooperarán y que no habrá ningún problema .

Mario Castaño, El Chopo , asintió. Reunió a sus hombres: Arroyave, Edwin y Leo , y virtualmente, desde ese día, dictó la sentencia de muerte de los cautivos.

Esto no tiene reversa. Hay que echar para adelante y trabajar rápido, haber si nos podemos gastar la platica tranquilos .

Los ojos de Bocadillo se abrieron casi hasta salirse del rostro, suplicando el perdón, pero El Chopo sólo tomó los documentos de identidad de sus reos y, dirigiéndose a Leo , ordenó: Anda, quema sus cédulas… .

Era la misma suerte que les esperaba, seis días más tarde, a Walter Estrada y a Bocadillo , cuyos cadáveres solo identificaría la policía por los pedazos de jeans aún pegados a las carnes calcinadas.

Edwin , Leo y Arroyave levantaron a los dos hombres de confianza de Fernando Galeano y los colocaron en los maleteros de un vehículo Mazda rojo y un Trooper.

Debían trasladarlos cuanto antes a la misma residencia que Juan Carlos había escogido en El Esmeraldal para los restantes secuestrados, y luego debían reunirse con El Chopo en la casa de las afueras de El Poblado.

Aun cuando finalmente tenían a los contadores, Rafa se les había volado a los hombres de Pomas en medio de un intenso tiroteo.

El Chopo esperaría ahí, en la bodega, el regreso de Guillermo Zuluaga Pasarela y el de los hermanos Atila , y luego, según se dieran las cosas con ellos, todos marcharían hacia la casaquinta en El Poblado.

Honrarás a tu padre Rafa era en realidad Rafael Galeano, el tercero en la dinastía de los Galeano y el único que lograría evadir el cerco de Pablo Escobar y sus agentes terroristas.

Enterado del secuestro de sus hermanos, Fernando y Mario, Rafael Galeano no había tenido otra alternativa que aceptar las instrucciones de Pablo Escobar y sus hombres e indicar el número de teléfono en el que estaría a las 4 de la tarde.

Pablo Escobar le había dicho que sus hermanos habían sido secuestrados por unos bandidos, pero que él se hacía responsable de la vida de Fernando y Mario si se cumplían las exigencias de los pillos.

El jefe del Cartel le había asegurado que desconocía esas exigencias, pero también le había dicho que, antes de la 4 de la tarde, podría tener alguna información.

Solo era cuestión de que Rafael Galeano, Rafa , diera el número telefónico en el que iba a estar. Cualquiera de La Oficina se comunicaría con él y le pondría al tanto de las exigencias.

Rafael Galeano había accedido a esa petición y suministrado el número de teléfono de su progenitora. Más aún: había sido extraordinariamente puntual y estaba allí, exactamente a las 4 de la tarde, a la espera de la llamada.

Había prohibido utilizar el teléfono, pero pasadas las 4 de la tarde, la comunicación no se había producido. En cambio, cuatro autos se habían parqueado frente a la edificación, quince hombres armados habían descendido de los vehículos y, después, el grupo de sicarios había intentado irrumpir en el edificio.

Afortunadamente, sin embargo, los pillos se habían encontrado con una increíble sorpresa: un pelotón armado de guardaespaldas de la familia los había recibido a tiros y los bandidos no habían tenido otra salida que emprender la fuga. Entre tanto, él, Rafael Galeano, había decidido sumirse en la clandestinidad y usar otra vía.

El Chopo y Pasarela habían informado a Pablo Escobar de este impasse, pero a modo de contraprestación, también le habían anunciado una exitosa cacería de los más importantes contadores de los Moncada y los Galeano.

Un fujimorazo Aquel sitio en la avenida inferior de El Poblado era, en realidad, excelente y estratégico. Una cabaña amplia que un oficial retirado de la Policía había rentado para el Cartel.

Siguiendo instrucciones de El Chopo , el oficial había accedido a que aquella residencia sirviera de epicentro de reunión de los contadores cazados. Y así había ocurrido.

A esta altura, 11 de la noche del sábado 4 de julio, la residencia era sencillamente un santuario cómodo de tensos y amenazantes interrogatorios.

Custodiados por una docena de hombres armados, Emilio , J , Nacho , Alejandro y Reyes , contadores de William y Gerardo Kiko Moncada, habían sido separados y sometidos lentamente a un juicio individual.

Salvo por J , a quien Emilio citó y recogió personalmente en su auto, los restantes contadores habían sido ubicados directamente por hombres del Cartel.

J , en concepto de Mario Castaño, El Chopo , era una pieza clave en el rompecabezas porque él podría conducirlos a William Moncada y porque ninguno como él debía conocer la relación pormenorizada de los bienes que este poseía. Por eso, había permitido que fuese Emilito y no su gente el que condujera a J hasta su presencia.

Al llegar, J vio un grupo diverso de hombres armados, y reconoció a los otros contadores y a uno de aquellos sicarios. Lo había visto dialogando con William Moncada en la oficina. Era Mario Castaño, El Chopo .

J le vio acercarse a Guillermo Zuluaga, Pasarela , y explicarle que aún faltaba el hombre más importante. Aquel que administraba la millonaria y formidable ruta de La Fania. Ellos, según le había ordenado Pablo Escobar, debían esperar a Toto en el aeropuerto el día siguiente.

Después de ello, El Chopo había decidido enfrentar a J y al grupo de contadores. Acabamos de matar a Kiko (Gerado Moncada) y a los Galeano (Fernando y Mario Galeano), y ya estamos buscando a Rafa . Esto es un fujimorazo, un golpe de Estado. Todos ellos no hacen sino ganar plata, encaletarla y dejarla podrir, y nosotros pelados… y poniendo el pecho .

J miró a su interlocutor a través de los anteojos y sólo atinó a preguntar: Y eso a qué viene conmigo? A partir de hoy le respondió El Chopo , su patrón es Pablo Escobar y necesito que llame a William Moncada y que le diga que desea verlo de inmediato. Voy a darle cien millones de pesos si lo consigue .

No tengo el teléfono , respondió J y palideció.

Mario Castaño tomó la libreta de teléfonos y empezó a observarla: Si tienes ahí el teléfono de tu patrón, te vas a joder, gafufo . Ultima entrega: Esos cadáveres valen diez millones de dólares.

Indice breve de identidades y cargos Moncada y los Galeano Cúpula Moncada: Willian Moncada, el primero del clan y quien se negó a aportar más dinero para la organización de Escobar; su hermano Gerardo, Kiko , el segundo, y Rafael Rafa Galeano, el único que sobrevivió a la masacre.

Los Galeano: Fernando y Mario. El primero fue asesinado el viernes tres de julio de 1992 y el segundo el viernes 10.

Guardaespaldas: los secuestrados y asesinados son Walter Estrada El Capi , guardaespaldas de Fernando Galeano; Juan Carlos, Elkin Estrada, Fernando Garay, John Henry Vargas, y Bocadillo hombres al servicio de Walter Estrada.

Hermanos Atila : enlaces del tráfico internacional de drogas al servicio de los Moncada y los Galeano.

Contadores:: J , contador de Willian Moncada; Emilio , administrador de algunas empresas de los Moncada; Alejandro , Nacho y Reyes contadores de Gerardo Kiko Moncada.

Hombres de Escobar Cúpula: en la sangrienta vendetta Mario Castaño Molina El Chopo , muerto por el Bloque de Búsqueda el 19 de marzo pasado, y Guillermo Zuluaga, Cuchilla o Pasarela .

Base terrorista:Guillermo Sossa, Memo , capturado el 20 de marzo pasado; Pomas ; Arroyave y Leonardo Rivera, Leo , este último muerto el 4 de febrero durante una acción del Cuerpo Elite en Medellín.

Leo : controlaba una organización de veinte pistoleros a sueldo que operaba en el barrio Buenos Aires de Medellín y pertenecía al grupo de bandas de sicarios que administraban El Zarco ; El Muelón , y Francisco Javier Muñoz, Conavi , muerto en enfrentamiento con el Bloque de Búsqueda en marzo pasado. Juan Carlos era hombre de El Chopo .

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